miércoles, 26 de enero de 2011

¿Qué es KM?

Hemos empezado hablando acerca del por qué es importante gestionar el conocimiento. Hemos dicho que es un activo y que es uno de los pocos donde los países desarrollados nos llevan una ventaja que podemos cerrar, y cuyo desarrollo y aprovechamiento está a nuestro alcance. Que es un activo y que como tal hay que gestionarlo es una verdad evidente.

Sin embargo, no es fácil saber como gestionar este activo. Para poder hacerlo es importante que entendamos que hay diferentes tipos de conocimiento y diferentes formas de clasificarlo. Pero antes de entrar en ese tema, necesitamos una definición pragmática de Conocimiento. Pragmática, porque tiene que ser útil para las organizaciones y los individuos que ejercen actividades económicas. Aunque son muy valiosas, dejaremos las discusiones filosóficas acerca del Conocimiento para quienes se especializan esos menesteres. Entonces, definimos Conocimiento como "El entendimiento acerca de hechos y prácticas útiles en un campo específico". O, en otras palabras aquello que sabemos y podemos aplicar sobre un tema.

Con esta definición en mente, y teniendo en cuenta que el Conocimiento lo aproximamos en esta discusión como un activo de la organización, podemos empezar a separar el Conocimiento en categorías.  La primera es el Conocimiento Explícito. Conocimiento explícito es aquel que no necesita de un intermediario para ser interiorizado (aprendido). En otras palabras, Conocimiento que el individuo puede adquirir por si mismo y que la organización tiene a su disposición. Ejemplos de este tipo de conocimiento son libros, artículos, informes, información estructurada, documentos, vídeos, audio, etc. En contraste, se encuentra el Conocimiento Tácito. Este conocimiento requiere de un intermediario para ser aprendido, y en el contexto organizacional el intermediario es el empleado que lo posee. Si dicha persona no se encuentra disponible, el Conocimiento no se puede aplicar y mucho menos transferir (enseñar). Desafortunadamente este tipo de conocimiento es el prevalente en muchas organizaciones y genera debilidades e ineficiencias por la alta dependencia de individuos específicos.

En este contexto es fácil ver porque las organizaciones deben maximizar el conocimiento explícito y minimizar el tácito. Pero para que dicho esfuerzo sea exitoso, es necesario que los individuos pasen de ser repositorios de conocimiento a aplicadores del mismo. Y de ese cambio cultural fundamental hablaremos en la próxima entrada.

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